La paz familiar se construye desde la pareja

“El ser humano necesita reconciliarse consigo mismo, con Dios y con su prójimo para conocer el verdadero sentido de la paz”.

Una palabra más corta que paz es “sí”, y de esta afirmación de amor incondicional nace el compromiso de dos personas que deciden disfrutar placeres y enfrentar vicisitudes siempre unidos todos los días de su vida.

Aunque un hombre y una mujer sientan atracción mutua y tomen la decisión de llegar al matrimonio, es el conocimiento particular que tienen de sí mismos y entre ellos (miedos, capacidades, limitaciones, desafíos) que les permitirá sustentado en el respeto, la comprensión y tolerancia, establecer normas de convivencia orientadas a construir un ambiente armonioso.

Hay personas que fabrican una paz a su medida, entonces son aquellos irresponsables y egocéntricos que diseñan su tranquilidad a costa del sufrimiento y perjuicio de otros, incluyendo su familia.

Cada día proliferan movimientos y organismos que trabajan en procura de la paz. Se aboga por la  paz mundial, paz entre países y comunidades, paz social, con el interés de conciliar criterios a través de acuerdos o negociaciones favorables para evitar o poner fin a conflictos y guerras entre gobiernos,  instaurando un clima de tranquilidad pública. Pero estos grandes esfuerzos, y no le quitamos merito, serían más fácil si los gobiernos trabajaran también por la paz familiar, velando por la salud emocional y espiritual de sus miembros.
Pero la gran pregunta… ¿dónde encontramos la PAZ? ¿Es posible tener una relación sin conflictos ni desacuerdos?. Para mantener la paz en la relación de pareja debemos tener en cuenta 3 elementos:

  1. Estar conscientes de que estar en PAZ no significa en lo absoluto no tener conflictos. Al contrario, las situaciones nos recuerdan día a día que somos humanos y por tanto diferentes. Está en que sepamos resolver a tiempo y de la manera adecuada aquellas situaciones que puedan comprometer la armonía en la relación.
  2. Es casi imposible lograr un estado de serenidad familiar si dentro de nosotros hay un caos. Reencontrar la paz interior es fundamental. Por eso, debemos poner fin a la guerra que mantenemos con nosotros mismos. Es necesario tomarnos un tiempo para hacer un stop y darle un nuevo orden a nuestras prioridades. Es así como, poniendo orden en nuestra casa interior, podemos ordenar la exterior.
  3. La paz verdadera viene de Nos dice San Juan 14,27: “Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya entre ustedes angustia ni miedo”. La familia que deja a Dios de lado, no encuentra la verdadera paz. La relación sacramental debe ser Cristocéntrica, fundamentada en valores, en una vivencia activa de la fe. que la paz conyugal y familiar dependerá de la conexión personal con la fuente de energía y de sabiduría, que para los cristianos es Dios.

 

Desde la familia como núcleo de la sociedad es donde se recibe principios y valores que crean vínculos de tradición por generaciones.  Los líderes del hogar son los que proporcionarán seguridad, afecto, comunicación efectiva y afectiva, que les permitirá forjar un carácter idóneo, sentido de pertenencia e independencia a los hijos.

Por tanto, un esposo o esposa que vive en paz disfruta plenamente su relación amorosa y este estado de satisfacción se impregna en los demás miembros de la familia de manera natural.

Recomendaciones:

  1. Decir lo que nos molesta, pero debemos saber cómo decirlo y cuándo decirlo. La clave está en mantener una comunicación constante. El matrimonio no es el cielo, no hay perfección, pero es esencial que siempre haya intención de solucionar cualquier situación adversa. Resulta saludable compartir desacuerdos, establecer un diálogo respetuoso en un tiempo y espacio conveniente. También considerar las palabras y el tono como nos expresamos para que evitemos empeorar las circunstancias.
  1. Celebra los triunfos de tu pareja. No estamos en la relación para competir sino para celebrar los triunfos del otro.
  2. Darnos espacio. Aunque somos pareja somos seres INDIVIDUALES. Tener actividades en común es gratificante, pero también es necesario respetar los tiempos de soledad de cada uno y no ser invasivos.
  3. Priorizar. Estar conscientes del puesto que ocupan en nuestra vida la pareja y la familia.

Colaboración para el Boletín Salesiano. Edición noviembre – Diciembre 2016

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